El oro líquido de Menorca

La cultura gastronómica mediterránea tiene un ingrediente que no puede faltar en sus platos: el aceite de oliva. Este oro culinario es indispensable en los platos de la cocina de Menorca. Sus propiedades confieren a los platos ese sabor único que los convierte en auténticas delicias para el paladar. Sumergirse en su cultivo, fabricación y degustar sus sabores se ha convertido en los últimos años en una experiencia que se puede disfrutar en la isla, dónde se ha recuperado la tradición de antaño de cultivar en la propia tierra los olivos de los que se extrae este preciado líquido que acompaña la mayoría de recetas culinarias.


Menorca, cruce de caminos de las rutas navales del mediterráneo, cuenta con gran cantidad de evidencias del tráfico comercial del aceite. Aunque es posible que haya tenido una importancia marginal dentro del conjunto de la actividad agrícola general, los restos arqueológicos también muestran que la isla ha sido escenario del cultivo del olivo y la producción de aceite desde tiempos ancestrales, como la almazara (tafona) del siglo II antes de Cristo que se encontró bajo el edificio del ayuntamiento de Alaior. Este municipio cuenta además con la Cova de s’Oli, en el poblado talayótico de Torre den Galmés, cueva prehistórica reconvertida en almazara en el siglo XIII, rodeada poéticamente de pared seca y ullastres (acebuches), el olivo silvestre que domina todo el paisaje de Menorca.


La producción de aceite de acebuchina, aceituna pequeña y oscura fruto de estos ullastres, es compleja y de rendimiento inferior al de otros tipos de aceitunas, pero muy apreciada por su sabor fuerte y con cuerpo. El renovado interés por recuperar la antigua cultura del aceite producido en Menorca ha hecho que los productores busquen distintas variedades de olivo que enraicen bien en la tierra menorquina, como arbequina, picual y cornicabra, que se ofrecen como monovarietales o combinadas con la acebuchina, brindando un aceite de oliva virgen extra de alta calidad y carácter.


El proceso de elaboración del aceite de oliva empieza a final de verano o principios de otoño, cuando el fruto ha madurado, y se procede a la recogida de las aceitunas, que se realiza con una delicadeza exquisita que asegura el óptimo cuidado a su llegada al molino, para ser prensadas en seguida, asegurando así la máxima conservación de su esencia. La extracción es normalmente en frío, a una temperatura inferior a 27 grados, para mantener así la intensidad de sus aromas y características culinarias y organolépticas, pasando finalmente al embotellado. Tras unas dos semanas desde el prensado, el aceite estará listo para las estanterías de las tiendas. 


Actualmente la producción de aceite de oliva en Menorca es todavía reducida, pero de gran calidad y con una expansión constante y un gran potencial en la isla, que auguran grandes éxitos a este pequeño sector industrial productivo. Sin embargo, por el momento no debemos dudar en hacernos con alguna botella de este preciado jugo Made in Menorca al visitar la isla, pues vale la pena aprovechar la oportunidad.