Especialidades de una isla golosa

Menorca es el dulce paraíso de los postres tradicionales. Los menorquines son unos grandes aficionados a la repostería y así lo demuestra el gran número de sucreries, como llamaban antiguamente a las pastelerías, que se pueden encontrar por todo su territorio. El repertorio del recetario tradicional está repleto de delicias preparadas con productos locales a partir de recetas transmitidas a lo largo de generaciones que no dejarán indiferentes a los amantes de la repostería.

 

La más famosa de todas es posiblemente la coca bamba, la ensaimada típica de Menorca, una pasta que tradicionalmente se come en las fiestas patronales acompañada de chocolate a la taza. Lo más habitual es encontrarla en su versión para compartir y sin ningún tipo de relleno. Su rasgo más característico es su masa compacta y elevada, presentada en forma de espiral enroscada, preparada con ingredientes tradicionales y básicos como harina panadera, agua, huevos, levadura, manteca de cerdo, mantequilla de vaca, azúcar, sal y patata. ¡Está deliciosa!

 

Sin embargo, hay una serie de pastas típicas de Menorca que no pueden faltar nunca en la mesa de una celebración: los crespells, las formatjades y los rubiols.

 

Los crespells son unas pastitas de masa sencilla (harina, manteca de cerdo, levadura de panadero y agua tibia) con forma de flor de doce pétalos y con un agujero en el centro que permite ver el relleno en su interior. Tradicionalmente estaban rellenas de confitura de calabaza, sin embargo, poco a poco se fueron incluyendo con otras confituras caseras y otros rellenos dulces, como suquet (clara de huevo con azúcar), o en contraste salado, como requesón o sobrasada, y se suelen cubrir de una fina capa de floreti (azúcar en polvo). La tradición menorquina era preparar los crespells en Carnaval y Semana Santa, y no podían faltar en las porquetjades, la tradicional matanza del cerdo, donde se elabora la fabulosa sobrasada de Menorca y otros embutidos.

 

Otra pasta típica de las celebraciones es la formatjada, empanada tradicional menorquina, con forma de cazoleta redonda normalmente rellena de carne de cordero o cerdo, taquitos de tocino y trocitos de sobrasada tierna. Seguramente las más antiguas se hacían a mano, aunque ahora podemos encontrar diferentes ondulaciones dependiendo del molde que se use. Era un tipo de pasta que permitía mantener la comida varios días, aprovechando la materia prima que abundase en el momento. Eran las pastas más representativas de Pascua e incluso existen varias canciones populares menorquinas donde se nombran las formatjades, lo que demuestra la importancia que las mismas tenían antiguamente en todos los hogares de la isla.

 

La última de las pastas que no pueden faltar en la mesa de una buena celebración son los rubiols, un tipo de empanadilla cocida al horno, que consiste en una pieza fina de pasta de harina, mezclada con aceite, manteca y huevo, doblada en forma circular o de media luna, rellena de verduras, sofrito, pescado, carne o espinacas, incluyendo habitualmente pasas y piñones. Típicas también de las fiestas de Pascua, en la se sirven como aperitivo en cualquier fiesta.

 

Finalmente, el producto estrella de las sobremesas menorquinas son los carquinyols, unas galletas dulces, duras y crujientes de forma cuadrada que cuentan con una larga tradición por toda la isla. Aunque existen diferentes versiones, todas ellas se realizan basándose en la receta tradicional y ancestral a base de clara de huevo, azúcar, harina y el ingrediente principal que le da su textura crujiente: la almendra. Son perfectas para tomar con café o té, o incluso como postre combinado con helado o un licor de hierbas dulces. 

 

Por lo tanto, si sois amantes de la gastronomía tradicional menorquina, no podéis dejar de probar gran variedad de apetitosas pastas tradicionales que contrastan los sabores dulce y salado, el regalo perfecto para llevaros de vuelta a casa y seguir disfrutando y compartiendo las delicias de la isla.