La isla deseada

Menorca ha sido objeto de deseo de numerosos pueblos y civilizaciones a lo largo de su historia. Fenicios y griegos veían en Nura o Meloussa (así llamaban a Menorca) una buena oportunidad para sus intercambios comerciales. El afán militar trajo a los cartagineses a la isla, mientras que a los romanos les debemos, además de algunos interesantes restos arqueológicos, el actual nombre de Menorca. 

 

Vándalos y bizantinos dieron paso a más de tres siglos de dominación árabe y hasta el famoso pirata Barbarroja participó en uno de los cruentos saqueos turcos que sufrió la isla. Pero fueron las dominaciones francesa y, especialmente, la británica, durante el siglo XVIII, las que dejaron una huella más visible y duradera en la isla. 

 
Dominación Británica
 

La incorporación de Menorca a la corona inglesa tuvo como consecuencia una marcada y fructífera influencia británica, dejando para siempre señales indelebles de su cultura como son las numerosas palabras de origen inglés incorporadas a la lengua menorquina, los aún existentes estilos arquitectónicos, platos culinarios, juegos infantiles, danzas, etc.

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Dominación Francesa
 

Los franceses tuvieron Menorca bajo su control durante apenas siete años, entre 1756 y 1763. Tan corto espacio de tiempo fue suficiente, sin embargo, para que su huella haya perdurado hasta el día de hoy. A ellos les debemos el nacimiento del pueblo de Sant Lluís, fundado en honor al rey Luis XV. El municipio fue desarrollándose alrededor de su iglesia, aunque el paso de los franceses por Menorca fue tan fugaz que no pudieron ver concluida su obra, ya que abandonaron la isla solo dos años después de iniciarse los trabajos de edificación.

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Dominición Musulmana
 

Nombres de lugares, leyendas y algunos restos arqueológicos todavía visibles a día de hoy. Es el legado que los árabes dejaron en Menorca durante los cuatro siglos que la isla permaneció bajo dominio musulmán. Fue en el año 903 cuando Menorca fue conquistada e incorporada al mundo islámico, primero vinculada al emirato de Córdoba y después al reino taifa de Denia. Así permaneció durante 400 años, hasta que el rey cristiano Alfonso III conquista la Menurka musulmana (cuya capital, Jamma o Jammona, era la actual Ciutadella) y la incorpora al Reino de Aragón. 

 

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